jueves, 6 de septiembre de 2012

LIBRO DE POEMAS MÍSTICOS: Diálogo abierto con el espíritu interior



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Diálogo abierto con el espíritu interior: Bajo la brisa perenne de tu sonrisa de lluvia y mar
Authored by Ángel Francisco Sánchez-Escobar

jueves, 30 de agosto de 2012

LIBRO: LA RELIGIÓN DEL ESPÍRITU: UNA LECTURA EN POSITIVO DE LAS INCONGRUENCIAS DE LA BIBLIA

LA RELIGIÓN DEL ESPÍRITU: UNA LECTURA EN POSITIVO DE LAS INCONGRUENCIAS DE LA BIBLIA


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LA RELIGIÓN DEL ESPÍRITU: UNA LECTURA EN POSITIVO DE LAS INCONGRUENCIAS DE LA BIBLIA

Está también en Amazon y en formato kindle.

Authored by Ángel Francisco Sánchez-Escobar

La religión del espíritu es la religión de la realidad de la experiencia religiosa y conlleva lealtad, progreso, determinación, conflicto, lucha, fe, amor, no la relativa pasividad en la que se asientan hoy las religiones establecidas con sus fosilizados credos. La religión del espíritu entraña incertidumbre de la persona que se embarca en la aventura de la fe, en los océanos de la verdad sin explorar, en la incesante búsqueda de orillas lejanas de las realidades espirituales. Y este libro es un acercamiento a las Escrituras desde la religión del espíritu -al igual que un acercamiento a la religión del espíritu desde las Escrituras -intentando dar una respuesta positiva y esperanzadora a sus incongruencias y múltiples contradicciones.
Pero no podemos perder la perspectiva de que cada ser humano hace su propia interpretación, a través de sus propias vivencias, de los impulsos divinos que emanan del espíritu de Dios que mora en su interior. Y, por tanto, dicha interpretación es única y completamente diferente a la filosofía religiosa de cualquier otro ser humano.


martes, 8 de mayo de 2012

LECTURA POSITIVA DE LA BIBLIA



Cuando se lean las Escrituras, es bueno buscad enseñanzas que sean hermosas y verdaderamente eternas, como las siguientes:

“Crea en mi oh Dios un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí”. Salmo 51:10.

“El Señor es mi pastor; nada me faltará.”  Salmo 23

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.  Mc 12, 29-31.

Porque yo soy el SEÑOR tu Dios, que sostiene tu diestra, que te dice: ``No temas, yo te ayudaré. Isaías 41:13

No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.  Isaías 2:3


lunes, 7 de mayo de 2012

CONTRADICCIONES CURIOSAS



GÉNESIS/ÉXODO

En el libro de Éxodo, Dios le dice a Moisés: “3 Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, pero con mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos” (Ex 6,3). ¿Cómo encaja esto con lo que encontramos antes en Génesis cuando Dios se da ciertamente a conocer a Abraham como el Señor: 
6 Abraham creyó a Jehová y le fue contado por justicia. 7 Jehová le dijo: “—Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos para darte a heredar esta tierra” (Gn 15,7). 



LAS PLAGAS
Referente a las plagas de Egipto, la quinta fue una plaga que eliminó a todos los animales de los egipcios: “6 Al día siguiente Jehová hizo aquello, y murió todo el ganado de Egipto…” (Ex 9,6). Sin embargo en la séptima plaga, la del granizo, destruye el ganado de Egipto:“25 Aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias;” (9, 25). ¿A qué ganado se refiere si ya no quedaba ganado de Egipto vivo?

lunes, 30 de abril de 2012

LA OPINIÓN DE JESÚS SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD: EL SIERVO DEL CENTURIÓN

Traducción de un fragmento del capítulo ocho del libro What the Bible Really Says About Homosexuality de Daniel A. Helminiak, Ph. D. Millenium Edition, Alamo Square Press, New Mexico, 2000.
No existe registro alguno de palabras de Jesús sobre la homosexualidad, ni en los Evangelios canónicos, ni en los llamados “evangelios gnósticos” descubiertos en Nag Hammadi en 1945. Este es un hecho revelador. Como sugiere Victor Furnish, esto implica que Jesús no tenía nada en particular que decir sobre el tema, y que la homosexualidad no era un asunto que preocupara a la naciente Iglesia, que fue la que preservó sus discursos. Sin sus declaraciones es imposible decir que es lo que Jesús pensaba sobre la homosexualidad. Pero en este caso sus acciones pueden hablar más alto que sus palabras, ya que tenemos una evidencia de que Jesús se encontró con una pareja homosexual masculina durante su ministerio.

Mateo 8: 15-13 y Lucas 7: 1-10 narran la curación milagrosa del siervo del centurión. Aunque hay algunas diferencias interesantes en los detalles de los dos pasajes, las similitudes son enormes; especialmente cuando se alinean, palabra por palabra, los textos en el original griego, Los eruditos bíblicos están de acuerdo en que ambos pasajes proceden de la misma fuente escrita. Siendo así, podemos concluir que ambos pasajes de Mateo y Lucas hablan del mismo suceso.

Ambos pasajes citan la frase del centurión diciendo que él no es digno de que Jesús entre en su casa. Qué cosa más sorprendente. El centurión utiliza dos palabras griegas distintas cuando se refiere a sus sirvientes. Se refiere al que está enfermo como “mi chico” (pais en Griego). Esta palabra significa chico, pero también puede hacer referencia a sirviente, e incluso a hijo. Se refiere a alguien joven y sólo como expresión de cariño a un adulto. Probablemente esta palabra se utilice para hablar de esclavos utilizados como objeto sexual por sus amos, y hay evidencia extra bíblica de que pais es ciertas ocasiones significa amante. En contraste, el centurión hace referencia a sus otros esclavos usando el vocablo griego doulos. Esta es la expresión genérica para esclavo o sirviente.

Mateo siempre se refiere al esclavo del centurión como pais. Leyendo este Evangelio uno pudiera pensar que el centurión está preocupado por su hijo. Pero Lucas, excepto cuando cita las palabras textuales del centurión, se refiere al chico como doulos. Lucas revela además que el muchacho era muy valorado o querido (usando la palabra griega entimos) por el centurión. Además, Lucas resalta que el centurión construyó la sinagoga local, lo que da a entender que era rico. Es sorprendente que ambos, Mateo y Lucas, preserven la frase exacta del centurión, cosa que marca la diferencia entre su país y su douloi.

¿Qué podemos sacer de todo esto? Primero, que debido al énfasis de Lucas, está claro que el sirviente era efectivamente un sirviente (doulos) y no el hijo del centurión. Y como indica Mateo, el sirviente era joven (país).  Segundo, sabemos que el chico era apreciado (entimos) por el centurión. Esta palabra podría significar varias cosas. Primeramente, quizá el centurión pago un alto precio por él y no quería perderlo. Pero esto no cuadra con el contexto. El centurión era rico, y aunque suene triste, podía ir fácilmente al mercado y comprar otro esclavo. Otra razón seria que fuera un siervo muy habilidoso y experimentado, una persona clave en la administración de su casa. Pero esto tampoco encaja, ya que el chico era joven. Finalmente, entimos podría implicar un lazo emocional. Este es al parecer el mejor significado.

¿Cuál era entonces la relación existente entre el centurión y su siervo? No existe modo de saberlo con certeza. La evidencia histórica es escasa. Existe la posibilidad de que el centurión fuera simplemente un hombre bueno y estuviera preocupado solamente por la muerte de un esclavo enfermo. Pero esta interpretación sentimental es moderna. Está desfasada en relación a las severas condiciones de vida del Imperio Romano del primer siglo. Entonces, ¿Qué fue lo que llevó a un centurión romano a preocuparse de esta manera por un esclavo?

Era muy común que los amos usaran a sus esclavos como objetos sexuales. También era común que los soldados que estaban lejos de su hogar tuvieran compañeros sexuales masculinos. El centurión y el chico esclavo eran probablemente una pareja sexual. En este caso en particular, como ocurría a menudo, el centurión probablemente se enamoró del joven. La explicación más razonable para el comportamiento del centurión con respecto a su esclavo es que fueran amantes.

Sin dudas Jesús estaba al tanto de estas cosas. No era tonto. El sabía todo lo que ocurría a su alrededor. Así que tenemos un caso donde Jesús efectivamente se tropezó con una pareja de homosexuales enamorados. La reacción de Jesús es muy instructiva. El elogió la fe del centurión y devolvió al joven al centurión lleno de buena salud.

¿Pensaba Jesús que la homosexualidad estaba bien? No sabemos lo que pensó Jesús. Todo lo que sabemos es lo que dijo e hizo. Por lo menos podría sacarse una lección de compasión: los tiempos de enfermedad y muerte no son tiempos para predicar el fuego del infierno y la condenación. En la era del SIDA, los líderes religiosos podrían sacar buen provecho de esta enseñanza.

Pero el incidente del siervo del centurión parece tener más amplias implicaciones. Sobre la base de la evidencia, uno podría argumentar que Jesús no estaba preocupado por las relaciones homosexuales de su época. Además, Mateo y Lucas ni siquiera se toman la molestia de hacer de esto un asunto polémico. Todos ellos centraron su interés en la fe y la buena voluntad, no en las prácticas sexuales.
Tenemos que entender las cosas en su contexto histórico si queremos proclamar que sabemos que es lo que enseña la Biblia. Tenemos que ser cuidadosos de no proyectar nuestros puntos de vista en Jesús y en su época. El hecho es que las relaciones homosexuales eran muy comunes en esos tiempos. Sin dudas, Jesús lo sabía. Y no hay ningún registro de sus palabras haciendo un problema de este asunto; ni siquiera, cuando se enfrentó con el cara a cara.

miércoles, 25 de abril de 2012

¿EUGENESIA EN LA BIBLIA? EL DILUVIO UNIVERSAL



Etimológicamente, el término “eugenesia” significa “buen nacimiento”. Es una disciplina que trata de aplicar las leyes biológicas de la herencia para perfeccionar la especie humana. Esto conlleva la selección de las mejores estirpes genéticas en detrimento de las peores.  

Trasladado esto a la Biblia, en términos morales, se trataría de destruir la maldad, de fomentar el predominio del bien, del justo. Y según la Biblia, la historia del Arca de Noé (capítulos 6 al 9 del libro del Génesis), un relato poco creíble porque no representa para nada la naturaleza misericordiosa de Dios ni por supuesto la ciencia, parece ser un caso de eugenesia en las Escrituras, de intervención divina para la mejora de la civilización.

Si recordamos, Jehová al observar que los hombres se estaban multiplicando sobre la faz de la Tierra y la maldad crecía en ellos y el propósito de su creación no se cumplía, decide destruir esas generaciones:

5 Vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón solo era de continuo el mal; 6 y se arrepintió Jehová de haber hecho al hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. 7 Por eso dijo Jehová: «Borraré de la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo, pues me arrepiento de haberlos hecho». (Gn 6, 5-7)

11 La tierra se corrompió delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. 12 Y miró Dios la tierra, y vio que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. 13 Dijo, pues, Dios a Noé: «He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y yo los destruiré con la tierra. 14 Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca y la calafatearás con brea por dentro y por fuera. (Gn 6, 11-14)

La degradación de la humanidad es la razón. Pero extrañamente, y sin motivo alguno, no solamente destruye a los hombres sino también a los animales. No se puede acusar a los animales de maldad. Como sabemos, solo Noé halla gracia ante los ojos de Jehová.

¿Cuál era la intención de Dios de salvar a los justos? Si se me permite hacer esta pregunta: ¿simplemente destruir el mal? ¿Salvar al mundo de la maldad con la multiplicación de la prole de Noé --sus tres hijos con sus mujeres--?  ¿No sabía de sobras que el hombre en su libre albedrío volvería a cometer actos de maldad, como de hecho ha ocurrido y seguirá ocurriendo? Hay otros casos como la destrucción de Sodoma y Gomorra que también podrían ser estudiados en este sentido.

¿Estamos ante un ejemplo de eugenesia “ética”?  Posiblemente sí. Pero quisiera dejar mi posición clara: Tengo la absoluta certeza de que Dios jamás provocaría ese genocidio.  

domingo, 22 de abril de 2012

UN ACERCAMIENTO A LAS INCOHERENCIAS EN LOS RELATOS DE LA RESURRECCIÓN



Cuando uno lee los relatos de la resurrección de Jesús y observa la enorme cantidad de diferencias y de incongruencias insalvables entre ellos, uno se da cuenta de la futilidad de ser un literalista o un fundamentalista bíblico en esta época de estudio intenso y abierto de las Escrituras. Pero, al mismo tiempo, si uno se acerca a estos relatos aceptando estas incoherencias, aunque intentando compaginar los diversos testimonios, nos percatamos de que también es bastante desafortunado negar la resurrección de Jesús. De un modo u otro, fuesen quienes fuesen, hubo testigos tanto de la muerte de Jesús como de su resurrección.  

Para los cristianos, la idea de la resurrección es, no sin razón, de vital importancia, pero resulta paradójico, sin embargo, que ésta sea tan central en el mensaje de Jesús dado en los evangelios sinópticos —Marcos, Mateo y Lucas—, sino “el reino de Dios” o “el reino de los cielos”. Veamos algunos pasajes de estos evangelistas: 

[Jesús] Decía también: “¿A qué compararemos el reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?”  (Mc 4,30)

Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mt 6,33)

 Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios. Lo acompañaban los doce. (Lc 8,1)



En el evangelio de Juan es “la vida eterna” el concepto central. Decía Jesús:

Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual os dará el Hijo del hombre, porque a este señaló Dios, el Padre. (Jn 6,27)



Los conceptos “reino de Dios” y “vida eterna” están íntimamente relacionados, porque el uno conlleva el otro.

No obstante, la idea de la resurrección de Jesús es el eje principal de las disquisiciones teológicas de Pablo, cuyos escritos se escribieron en los años cincuenta del siglo primero, con anterioridad a los mismos evangelios:

12 Pero si se predica que Cristo resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?, 13 porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. 14 Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana es también vuestra fe. 15 Y somos hallados falsos testigos de Dios, porque hemos testificado que Dios resucitó a Cristo, al cual no resucitó si en verdad los muertos no resucitan. 16 Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; 17 y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: aún estáis en vuestros pecados. 18 Entonces también los que murieron en Cristo perecieron. 19 Si solamente para esta vida esperamos en Cristo, somos los más dignos de lástima de todos los hombres. (1 Co 15, 12-19)



Como se sabe, las ideas de Pablo tendrían una gran influencia en el cristianismo. 

Aunque se podrían distinguir muchas diferencias de enfoque y datos entre los evangelios y dentro del Nuevo Testamento, podríamos hablar básicamente de dos tipos principales. Por un lado, nos encontramos, en alguno de ellos, con datos que no tienen paralelismo con lo dicho en los otros, pero no se puede decir que haya contradicción. Por ejemplo, el evangelista Mateo suele añadir en sus relatos “para que se cumpliera lo que dijo el profeta”, algo que no hacen los otros evangelistas.

Por otro lado, sin embargo, sí hay pasajes en algunos evangelios que  contradicen de forma irreconciliable lo narrado por los otros evangelistas. Por ejemplo el hecho de que Marcos narre que las mujeres que acudieron a la tumba eran dos, Magdalena y la otra María, mientras que Juan se refiere solamente a María Magdalena. Ambos evangelistas son honestos, pero tienen percepciones diferentes de una misma realidad. Ni Marcos, que escribiría bajo la memoria de Pedro, ni Juan, que lo haría a partir de la memoria del apóstol Juan, conocerían toda la verdad, cualquiera que ésta fuese. También habían pasado muchos años de este hecho y existirían lagunas de memoria. Por otro lado, es también lógico pensar que la falta de coherencia en los detalles podría ser también debida al énfasis dado por los evangelistas al hecho mismo de la resurrección de Jesús, más que en los detalles. Ahondemos un poco en la fecha y la autoría de los evangelios antes de estudiar esas contradicciones e intentar darles algo de sentido.

LOS AUTORES DE LOS EVANGELIOS


El evangelio de Marcos —en realidad el evangelio de Pedro a quien Marcos acompañaba— escribiría su relato entre los años 65 y 70 y lo hizo a partir de las notas de Pedro y de tradiciones orales y posiblemente escritas; no es de extrañar que conociese el evangelio perdido del apóstol Andrés, hermano mayor de Pedro. Papías de Hierápolis (69-50), contemporáneo de los padres apostólicos Policarpo, Justino Mártir y Marción, dice de Marcos:

El anciano decía también lo siguiente: Marcos, que fue el intérprete de Pedro, puso puntualmente por escrito, aunque no con orden, cuantas cosas recordó referentes a los dichos y hechos del Señor. Porque ni había oído al Señor ni le había seguido, sino que más tarde, como dije, siguió a Pedro, quien daba sus instrucciones según sus necesidades, pero no como quien compone una ordenación de las sentencias del Señor. De suerte que en nada faltó Marcos, poniendo por escrito algunas de aquellas cosas, tal como las recordaba. Porque en una sola cosa puso cuidado: en no omitir nada de lo que había oído y en no mentir absolutamente en ellas (Eusebio, Hist. Ecl. III, 39, 15)



De todos modos, el evangelio de Marcos sí presenta, tal como lo conocemos hoy, una ordenación cronológica de la vida de Jesús. Es probable, no obstante, que Marcos de jovencito viviera algunas escenas de la vida de Cristo cuando acompañaba a Pedro. Marcos enfatiza el ministerio de Jesús y lo presenta como un hombre entre los hombres.

El evangelio de Mateo se escribiría algún tiempo después, sobre los años 70, tras la destrucción de Jerusalén, que plantea a modo de profecía (22,7). Basándose en un fragmento de Papias, tradicionalmente se piensa que su autor fue efectivamente Mateo, el recaudador de impuestos, uno de los doce: “Mateo ordenó en lengua hebrea los dichos del Señor y cada uno los interpretó/tradujo conforme a su capacidad” (Hist. Ecl. III, 39,16). Los seguidores de esta tradición creen que este evangelio no es sino una traducción al griego del original en arameo escrito por Mateo y que se escribió con anterioridad al de Marcos. Es cierto igualmente, como justifica esta línea de opinión, que hay manuscritos, datados en la última mitad de siglo II, en los que el nombre de Mateo aparece como el autor de estos escritos. 

Sin embargo, la opinión de la mayoría de los especialistas bíblicos es que no es una traducción del arameo sino que se escribió originariamente en griego, y de que se compuso con posterioridad al de Marcos. La referencia a Mateo de Papias, que sigue justo a la de Marcos, no indica, en primer lugar,  precisamente que el evangelio de Mateo se escribiese antes que el de Marcos, mucho menos extenso y, lógicamente, anterior por las adiciones, correcciones y deliberadas omisiones que Mateo realiza del evangelio de Marcos. La idea de que el evangelio de Mateo se compuso con anterioridad al de Marcos no surgió hasta  el siglo II con Clemente de Alejandría, Origen y Eusebio. En segundo lugar, tampoco, por esta cita, queda claro que el evangelio canónico de que disponemos sea una traducción al griego de los dichos de Jesús ordenados por Mateo. Podrían ser igualmente versiones orales e incluso en lengua vernácula. Sí prueba que el evangelio era conocido, y no es de extrañar que este evangelio sinóptico contenga mucho de los escritos en arameo de Mateo.  

En tercer lugar, no es muy plausible pensar en la idea de que este evangelio fuese enteramente del apóstol de Jesús, cuando no solamente el texto en griego, como se ha adelantado, sino la organización del relato están fuertemente influenciados por el de Marcos. Sería difícil pensar que un apóstol se basara en el relato de alguien como Marcos que no fue un testigo directo de la vida de Jesús. Brown (p. 211)[1] nos dice que el evangelio de Mateo no es probablemente una traducción porque el evangelista corrige el estilo de Marcos, y hay juegos de palabras en griego. Esto no quiere decir que no tenga giros semíticos. Puede ser que fuese un judío de la diáspora.   

Mi opinión es que el evangelio de Mateo no lo escribió el apóstol de Jesús sino, con toda probabilidad, alguien, tal vez bilingüe griego-arameo, quizás algún discípulo de Mateo, que tuvo acceso a la de dichos que este apóstol ordenó —¿la conocida fuente Q?— e incluso a sus recuerdos personales, elaborando ambas con la ayuda del evangelio de Marcos. Así, igualmente, el hecho de que se atribuyese este Evangelio a Mateo, posiblemente por el mismo, llamémosle, discípulo suyo, no fue un intento de engañar a nadie. En un momento en que el sentido de la autoría de una obra era completamente diferente al de nuestra época, era una costumbre y un honor hacer eso con sus maestros.

El autor de este evangelio presenta la vida de Jesus para la edificación de los judíos cristianos y enfatiza el hecho de que los sucesos de la vida de Jesús acontecieron “para que se cumpliera lo que dijo el profeta” (Mat. 21,4). A pesar de lo dicho anteriormente, y de no conservarse ningún manuscrito de los dichos de Jesús tal como los ordenó Mateo, sí se puede decir que este evangelio lo inspiró Mateo —y así continuaremos llamando a su autor—.

El tercer evangelio lo escribió Lucas, seguidor de Pablo, de quien tomaría muchos de los hechos que describe sobre la vida de Cristo. Lucas escribió su evangelio a comienzos de los años 80, tras la muerte de Pablo. El escritor tuvo como referencia también el evangelio de Marcos, el de Mateo, quizás la fuente Q (dichos de Jesús) a través de éste, y algunas otras tradiciones orales o escritas de la época. No podemos descontar su propia percepción de los hechos; es de pensar que hiciera su propia labor periodística de investigación —con perdón por el anacronismo—. Lucas presenta a Jesús como amigo de “publicanos y de pecadores” (Lucas 7,34). El evangelio de Lucas es en realidad el evangelio de Pablo, aunque esto no quiera decir que siempre sean sus pensamientos teológicos paralelos o coincidentes.

El evangelio de Juan, con toda posibilidad compuesto por unos de sus discípulos, se escribió sobre el año 100, y, aunque Juan no lo escribió, la profundidad de muchos de sus textos nos desvela que sí lo inspiró. Además del testimonio de Juan, el autor de este evangelio tendría ante sí los otros tres evangelios y decidió ampliar las  partes no narradas anteriormente. Es por ello que presenta el ministerio de Jesús en Judea y alrededores de Jerusalén.

Ante esta variedad de autores, fuentes, personalidades de propósitos, no es de extrañar que los relatos de la resurrección contengan incongruencias y diferencias, y mucho más cuando no disponemos de los manuscritos originales y sabemos las alteraciones, deliberadas o no, que cometieron los copistas hasta la invención de la imprenta en el siglo XV. Es también de notar que cada uno de los discípulos que inspiraron estos evangelios vivió de forma distinta la resurrección del Señor. Por ejemplo, Juan estuvo en la crucifixión y conocía el papel que José de Arimatea y Nicodemo, miembros del Sanedrín, jugarían en la recogida y enterramiento del cuerpo de Jesús. Pedro, que inspiró el evangelio de Marcos, al igual que Juan, sabía que María Magdalena había estado en el sepulcro de Jesús porque acudió a éste cuando ella le avisó.

Es igualmente cierto que hubo un grupo de mujeres que presenciaron la crucifixión, aunque aquí también encontramos diferencias, según Juan: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre María, mujer de Cleofás, y María Magdalena” (Juan 19, 25). A su vez, Marcos dice lo siguiente:

40 También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, 41 quienes, cuando él estaba en Galilea, lo seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. (Marcos 15, 40-41)



Mateo dice 55: “Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndolo. 56 Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo[2]” (27, 55-56). Lucas dice: “55 Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea lo siguieron y vieron el sepulcro y cómo fue puesto su cuerpo” (Lc 23, 55). Sin bien, no todas siguieron el cuerpo de Jesús cuando José de Arimatea y Nicodemo, con la orden dada por Pilatos, se lo llevaron a la tumba excavada en la roca por el primero. Marcos dice: “47 María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” (Mc 15, 47).

Resulta, además, sorprendente, por la incredulidad de los apóstoles ante el relato de la resurrección de las mujeres, que ni Pedro ni Juan ni los demás recordaran las palabras de Jesús de que resucitaría al tercer día: “y diciendo: —Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto y resucite al tercer día” (Lc 9,22). Es Jesús quien se lo tiene que recordar tras su resurrección, a través de las mujeres. Los miembros del Sanedrín no lo habían olvidado, no obstante. 

DIFERENCIAS ENTRE LOS RELATOS DE LA RESURRECCIÓN


Comencemos a comparar y contrastar los relatos de la resurrección en estos cuatro evangelios, teniendo en cuenta lo ya expuesto. Estos se encuentran en Marcos 16, 1-20; en Mateo 28, 1-20; en Lucas 24, 1-53 y en Juan 20, 1-29. Los últimos doce versos de Marcos o versión larga (16, 9-20) no se encuentran en los manuscritos más antiguos, sino que fueron añadidos por los escribas.

Analicemos sus diferencias partiendo del evangelio de Marcos, el que más temprano se redactó. Las citas bíblicas corresponden a la versión de Reina Valera (1995).

LAS ESPECIAS AROMÁTICAS Y LA HORA DE LLEGADA DE LAS MUJERES AL SEPULCRO:




Según Marcos:

1 Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirlo. 2 Muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, recién salido el sol. (16, 1-2)



Según Mateo:



1 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. (28, 1)



Según Lucas:



1 El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. (24, 1)



Según Juan:



1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro, y vio quitada la piedra del sepulcro. (20, 1)



Como vemos, para Marcos y Lucas el motivo de la visita al sepulcro es la unción de especias aromática, que las mujeres habían comprado o preparado.  Para Mateo es “ver el sepulcro”, pero este evangelista también menciona este hecho en un capítulo anterior: “56 Al regresar, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el sábado, conforme al mandamiento.” (23, 56). Juan, sin embargo, lo omite, quizás, sencillamente, porque el apóstol de Jesús no lo presenciaría y no se lo contó al discípulo que escribió el evangelio muchos años más tarde. Juan que acompañaría a José de Arimatea y a Nicodemo mientras trasladaban el cuerpo de Jesús, menciona lo que ambos hicieron:

39 Vino también Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, y trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. 40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según la costumbre judía de sepultar. (Juan 19,39-40)



No es de extrañar, sin embargo, que las mujeres, tras presenciar la crucifixión y ver cómo se llevaban el cuerpo y dónde lo colocaban —“María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” (Marcos, 15, 47)— creyeran que el cuerpo de Jesús no habría sido suficientemente preparado y quisieran ellas mismas volver a la tumba, que José de Arimatea había preparado, para honrarlo con las yerbas aromática. Estas mujeres llegaron a la tumba el domingo de madrugada. Durante el Sabbath descansaron según las costumbres judías. No sabemos dónde descansarían ese día porque habían venido desde Galilea siguiendo a Jesús. Pudiera ser que lo hicieran en casa de José de Arimatea.

 La madre de Jesús, que según Juan estuvo en la crucifixión, no estaba entre las que siguieron y llevaron los ungüentos. Es normal que Juan la llevara a algún sitio, junto a otras mujeres, para después hacerse cargo de ella, como Jesús le había pedido,

27 Después dijo al discípulo: —He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. (Juan 19, 27)



para que no siguiera sufriendo más al ver a su hijo muerto.     

Respecto a la hora de la llegada de las mujeres, vemos que hay una leve diferencia entre Marcos y Juan; el primero la sitúa “recién salido el sol[3]” y el segundo “siendo aún oscuro”. Esto no representa ninguna contradicción real. El sol sale por el este disipando la oscuridad de la noche. Jesús resucitó durante la madrugada porque ya estaba allí cuando llegaron.

¿QUIÉN ACUDIÓ A LA TUMBA?


 

Según Marcos:


1 Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo[4], y Salomé[5], compraron especias aromáticas para ir a ungirlo. (16, 1)



Según Mateo:


1 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. (28, 1)



Es muy probable al decir “la otra María”, que Mateo se refiera a María la madre de los hermanos Alfeo, que corroboraría lo dicho por Marcos. 

Según Lucas:


1 El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. (24, 1)



En el capítulo anterior, Lucas describe a una gran multitud que estaba presente en la crucifixión de Jesús, entre los que se contaban los amigos de Jesús y también las mujeres que lo habían seguido desde Galilea: 

48 Toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. 49 Pero todos sus conocidos, y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, estaban mirando estas cosas de lejos. […] 55 Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea[6] lo siguieron y vieron el sepulcro y cómo fue puesto su cuerpo. 56 Al regresar, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el sábado, conforme al mandamiento. (23, 48-55)



En Lucas leemos:



10 Eran María Magdalena, Juana y María, madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. (24, 10)



Lucas se refiere, como Marcos, a María, la madre de Jacobo, uno de los hermanos alfeo. Según Juan:


1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro, y vio quitada la piedra del sepulcro. (20, 1)



De nuevo vemos las discrepancias entre uno y otro evangelio: Marcos menciona a tres mujeres —María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé—; Mateo a dos —María Magdalena y a la otra María—; Lucas, como leemos algo más adelante (24, 19), al menos a cinco —María Magdalena, Juana y María, junto a otras mujeres más—. Es probable que estuviera entre ellas Salomé, nombrada por Marcos. Juan menciona sólo a una —María Magdalena—. Si todos narran que varias mujeres fueron al sepulcro con los ungüentos, es raro que se presentara ella sola. Si bien, es posible que María Magdalena regresara posteriormente sola.




Creyendo más en omisiones no deliberadas que en contradicciones, me inclino a pensar que las mujeres serían al menos cinco, a pesar del relato de Juan: (1) María Magdalena;  (2) Juana, la esposa de Chuza[7] (Lc 8:1-3), que seguía a Jesús sin interferencias de su marido; (3) María, la madre de los gemelos Alfeo; (4) Salomé, la madre de los hermanos Zebedeo y (5) Susana, que se encontraría entre las otras mujeres. El mismo Lucas la menciona, junto a María Magdalena y a Juana, en estos versículos:

1 Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios. Lo acompañaban los doce 2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios,  3 Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes, Susana y otras muchas que ayudaban con sus bienes[8].  Lc 8:1-3   



¿QUIÉN SE APARECIÓ EN EL SEPULCRO? ¿A QUIÉN SE LE APARECIÓ? ¿CÓMO ESTABA LA PIEDRA? ¿QUÉ MENSAJE LES DIO?




Según Marcos:

3 Pero decían entre sí: —¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, aunque era muy grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca, y se asustaron. (16, 3-5)



De acuerdo con este evangelista, las mujeres vieron la piedra removida, entraron en el sepulcro y “vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca”. Este joven les da el siguiente mensaje:

6 Pero él les dijo: —No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde lo pusieron. 7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os dijo.  8 Ellas salieron huyendo del sepulcro, porque les había entrado temblor y espanto; y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo. (16, 3-8)



El joven les pide que entren en el sepulcro y que informen a los discípulos y a Pedro que Jesús ha resucitado como él había profetizado, y que lo verán en Galilea. Ellas, sin embargo, huyen y no dicen nada a nadie por miedo. Posteriormente, sin embargo, el evangelista narra la aparición de Jesús a María Magdalena, sin mencionar las circunstancias:

9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. 10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, los cuales estaban tristes y llorando. 11 Ellos, cuando oyeron que vivía y que había sido visto por ella, no lo creyeron. (16, 9-11)



María Magdalena, no obstante, sí avisa a los discípulos de Jesús.

En un primer atisbo, resulta curioso que si las mujeres, entre las que estaba María Magdalena, huyeron cómo es que Jesús se presenta a María Magdalena y solo a ella, y, además, sin ningún mensaje. Quizás la respuesta pueda estar en que las mujeres, entre las que estaba María Magdalena, volvieron al sepulcro o que ella no hubiese salido corriendo como las demás. ¿Y quién es ese joven que estaba en la tumba sentado?  No parece que sea un ángel, sino el mismo Jesucristo al que no reconocieron, según mi opinión. Veremos cómo Juan cuenta que María Magdalena confunde a Jesús con el jardinero.

Según Mateo, que elabora la narración de Marcos añadiéndole un mayor efectismo, parece que las mujeres presenciaron, al igual que los guardas, cómo un ángel del Señor, acompañado de un gran terremoto, que desciende del cielo y está “vestido de blanco como la nieve” y de aspecto “como un relámpago” remueve la piedra y se sienta sobre ella. La piedra no está quitada, cuando llegan las mujeres, como Marcos narra. Además Mateo identifica el joven como a un ángel, que les invita a entrar y les da un mensaje similar al de Marcos, comunicándoles igualmente que se avise a los discípulos —no se menciona a Pedro aquí—.

De pronto hubo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendió del cielo y, acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4 De miedo de él, los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 5 Pero el ángel dijo a las mujeres: “No temáis vosotras, porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7 E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos y va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis. Ya os lo he dicho”.  (Mt 28, 1-7)



Ya no es un joven sino un ángel del Señor. Posteriormente, las mujeres entran en el sepulcro y al salir con “temor y gran gozo” Marcos no menciona el término “gozo” para dar las nuevas a los discípulos de Jesús, éste se les aparece:

8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, 9 Jesús les salió al encuentro, diciendo: —¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies y lo adoraron.  10 Entonces Jesús les dijo: —No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán. (Mt 28, 8-10)



Jesús no se aparece solamente a María Magdalena, como en Marcos, sino a todas las mujeres, entre las que se encontraba ésta. A ellas les permite que le abracen los pies, algo que no sucede en el relato de Juan. Curiosamente, Jesús les da un mensaje similar al del ángel. ¿Por qué esa redundancia en la información? Además, Mateo no comenta si efectivamente las mujeres informaron a los apóstoles del hecho y de la cita en Galilea.

Según Lucas, al igual que Marcos, la piedra estaba removida y también entraron en el sepulcro. No se narra si salieron o no de éste cuando, junto a ellas, se pararon “dos varones con vestiduras resplandecientes”. Ya no es un joven sentado al lado derecho ni un ángel que desciende como Marcos y Mateo respectivamente:

Hallaron removida la piedra del sepulcro 3 y, entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Aconteció que estando ellas perplejas por esto, se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; 5 y como tuvieron temor y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: —¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6 No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló cuando aún estaba en Galilea, 7 diciendo: “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado y resucite al tercer día”.  (Lc 24 2-6)



El mensaje dado por  los dos varones, aunque menciona que se recuerde la promesa de la resurrección de Jesús, omite la cita de los anteriores en Galilea y tampoco les pide que informen a los apóstoles. Lucas sí narra que las mujeres informan “a los once y a todos los demás” aunque no las creyeron. Pedro, sin embargo, acude al sepulcro:

8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras, 9 y volviendo del sepulcro dieron nuevas de todas estas cosas a los once y a todos los demás. 10 Eran María Magdalena, Juana y María, madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. 11 Pero a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creyeron. 12 Pedro, sin embargo, levantándose, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro vio solo los lienzos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido. (Lc 24, 8-12)



Según Juan, María Magdalena, que ha ido al sepulcro, ve quitada la piedra, tal como en los evangelios de Marcos y Lucas, y avisa a Simón Pedro y a otro discípulo, que suponemos es Juan:

El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro, y vio quitada la piedra del sepulcro. 2 Entonces corrió y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel a quien amaba Jesús, y les dijo: —Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.  3 Salieron Pedro y el otro discípulo y fueron al sepulcro. (20, 1-3)



Maria Magdalena está sola y no ve en este momento a ningún varón o angel que le dé el mensaje que hemos observado. Luego avisa solo a Pedro y Juan, y ambos, en lugar de Pedro solamente como en Lucas, van al sepulcro.

         Pero parece que María Magdalena vuelve al sepulcro y entra en él,  y ahora sí ve a dos angeles, ya no es un joven ni un ángel ni dos varones, sino “dos ángeles de vestiduras blancas”, que están “sentados uno a la cabecera y otros a los pies” de donde el cuerpo de Jesús había estado colocado. Estos le preguntan la razón de su llanto:

11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro, 12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 13 Y le dijeron: —Mujer, ¿por qué lloras?  Les dijo: —Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. (20, 11-13)



Inmediatamente, sin embargo, estando fuera del sepulcro, María Magdalena se vuelve y ve a Jesús, aunque sin reconocerlo, porque cree que es el jardinero. Éste le hace la misma pregunta y algunas más, hasta que se da a conocer:

14 Dicho esto, se volvió y vio a Jesús que estaba allí; pero no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dijo: —Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?  Ella, pensando que era el jardinero, le dijo: —Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo llevaré. 16 Jesús le dijo: —¡María!  Volviéndose ella, le dijo: —¡Raboni! —que significa: “Maestro”—. 17 Jesús le dijo: —¡Suéltame!, porque aún no he subido a mi Padre; pero ve a mis hermanos y diles: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”. 18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos la noticia de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.



Jesús en esta ocasión no le da exactamente el mismo mensaje que a las mujeres en las anteriores ocasiones ni cita a los apóstoles en Galilea, aunque sí les pide que les diga a los apóstoles lo que ha oído. Pedro y Juan parece que ya han vuelto al Aposento Alto donde estaban reunidos. Jesús impide a María Magdalena que le toque, en contraste con  Mateo.  

ALGUNAS CONCLUSIONES




Es muy difícil poner en pie tantas diferencias en estos relatos y hay que concluir que hay diferencias insalvables. El número de mujeres que visita la tumba varía, de una a unas cinco; la visión que tienen varía, de un joven a un angel, dos varones o dos ángeles, los mensajes dados por los ángeles varían entre ellos y a veces son similares al dado por Cristo. Las apariciones de Jesús varían al igual que la de los ángeles, e incluso la piedra que las mujeres o ven ya quitada o cómo unos angeles la quitan.

Conocidas estas incoherencias textuales irreconciliables, intentaré dar sentido al relato de resurrección, considerando que Marcos fue el primer evangelista y que los demás evangelistas, Mateo, Lucas elaboraron de éste, y Juan tendría a los tres que le precedieron. Mi opinión es que las mujeres que fueron a la tumba eran al menos cinco, que no vieron a un joven, como dice Marcos, sino a Jesús resucitado, que no reconocen por la transformación sufrida —María Magdalena cree que es el jardinero—. Y, después,  los siguientes tres evangelistas desarrollaron según su propia perspectiva la idea de los ángeles o varones. Y si son ángeles, ¿qué función tienen? Es raro que el ángel dé mensaje similar al de Jesús; es raro que María Magdalena vea a dos ángeles, y al momento vea a Jesús, que le hace al principio la misma pregunta que los dos angeles —que hablarían al unísono—, aunque a continuación de un mensaje diferente al dado en otros relatos.

Es cierto que el joven o los ángeles dan un mensaje en tercera persona, pero en los evangelios observamos que Jesús habla refiriéndose a él mismo en tercera persona como al Hijo del Hombre. En Marcos leemos: “Por tanto, el que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles!” (Mc 8,38).  En Mateo, también se observa algo similar: “porque igual que el relámpago sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre” (Mt 24,27). También es propio de Lucas y de Juan. Jesús, igualmente, en el camino a Emaús le habla a dos de sus discípulos en tercera persona: 

25 Entonces él les dijo:

—¡Insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y que entrara en su gloria? (Lc 24, 25-26)



Estos discípulos tampoco le reconocen en un principio. 

De la misma manera creo que las mujeres, quizás con la excepción de María Magdalena, huyen atemorizadas del lugar, y que ella se queda por el amor que sentía por el Maestro, y que Jesús, en su primera aparición, lo hace a ella y a las demás mujeres, que de alguna forma habían regresado. Pienso igualmente que María Magdalena, como indica Juan, tras avisar a los apóstoles y hablar específicamente con Pedro y Juan, vuelve al sepulcro de nuevo y presencia la segunda aparición del Señor –de ahí que el mensaje sea diferente a los anteriores. Es posible que María fuese con las mujeres  tras la primera aparición de Jesús para contar el hecho a los apóstoles y se dirigiera a Pedro y a Juan particularmente. Por los detalles que da Juan y por ser el mismo apóstol quien inspiró este evangelio, pienso que Pedro y Juan realmente acudieron al sepulcro, y no solamente Pedro, como dice Lucas.

A pesar de las incongruencias no podemos substraernos de la grandiosidad y las consecuencias de una resurrección que fue real, que realmente ocurrió, y basarse en ellas para negar la historicidad del relato. Jesucristo murió por su propia voluntad que era la voluntad de su Padre y fue su propia voluntad la que lo trajo a la vida. El viernes la vida mortal de Jesús como la vivimos los humanos tocó a su fin y el domingo de madrugada resucitó con un cuerpo transformado, de cuyo testimonio tenemos a las mujeres y a los apóstoles; con un cuerpo igual al que tendremos nosotros en nuestra propia resurrección a la vida eterna, si nos hacemos merecedores de ella.

Es necesario indicar que los evangelistas relataron la vida de Jesús de forma honesta y sincera tal como la vieron, recordaron o conocieron. Y, a pesar de sus imperfección, estos escritos ha cambiado la historia de nuestro planeta durante más de dos mil años. Pero quizás el énfasis en la resurrección, por supuesto justificado, comenzando con el mismo Pedro,

“Pero vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diera un homicida, 15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios resucitó de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos” (Hch 3, 14-15).



a quien luego seguiría Pablo, como he comentado, 

“y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: aún estáis en vuestros pecados” (1 Co 15,17).



sustrajo, de alguna manera, del verdadero mensaje de Jesús: la paternidad del Dios y la fraternidad de todos los hombres. 

 



[1] Raimond Brown, An Introduction to the New Testament, New York, Doubleday, 1997.   
[2] Jacobo o Santiago y Juan.
[3] En el mes del Passover (marzo o abril) se haría pronto de día. 
[4] Esta María era la madre de los hermanos gemelos Alfeo, Jacobo (Santiago) y José.  Había dos apóstoles con el nombre de Jacobo o Santiago; a éste se le llamaba Santiago el de Alfeo o Santiago el menor; al otro, “el Mayor.”
[5] Salomé era la mujer de Zebedeo y madre de los apóstoles Santiago el Mayor (Jacobo)  y Juan.
[6] En Lucas 8, 1-3, vemos referencias a ciertas mujeres que le acompañaban: “1 Después de esto, Jesús anduvo por muchos pueblos y aldeas proclamando y anunciando el reino de Dios. Le acompañaban los doce apóstoles 2 y algunas mujeres que él había librado de espíritus malignos y enfermedades. Entre ellas estaba María, la llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; 3 también Juana, esposa de Chuza, el administrador de Herodes; y Susana, y otras muchas que los ayudaban con lo que tenían.”
[7] Funcionario encargado de asuntos internos del palacio de Herodes.
[8] Era normal que ciertos maestros o rabinos recibieran apoyo económico de parte de mujeres piadosas y pudientes. (Nota en Reina Valera, 1995).